A partir del momento en que el hombre comenzó a apropiarse de la naturaleza para darle forma a sus necesidades y caprichos, los ecosistemas de todo el planeta dieron su respuesta ante este tipo de abusos, a través de consecuencias negativas como la contaminación y la pérdida de biodiversidad.
Hoy en día podemos conocer, a través de los medios de comunicación, todas las noticias referentes al cambio climático.
Justamente, tener conciencia ecológica es entender que somos dependientes de la naturaleza y responsables por su estado de conservación. Ignorar esta verdad equivale a autodestruirnos, porque al degradar el medio ambiente estamos empeorando nuestra calidad de vida y poniendo en peligro el futuro de nuestros descendientes.
Al contrario de lo que se podría pensar, desarrollo económico y conciencia ecológica no tienen por qué ser antónimos. Se puede producir de manera sustentable, fomentar la generación de energías limpias, reducir y reciclar la basura y reutilizar un gran número de materiales que producirán nuevos productos útiles para el día a día del hombre moderno.Si todos hacemos un poco, se dice, el resultado agregado será un medio ambiente más saludable para la vida humana. Otros argumentan que, en el caso de los países pobres, es una locura preocuparse por la protección y conservación de la flora y fauna que nos rodean, así como de los demás recursos naturales, pues el desarrollo económico requiere la explotación de todos estos “insumos” para generar riqueza, que eventualmente será repartida por medio del mercado y alguna ayuda del Estado. Los que se oponen a esta visión desarrollista son llamados de manera despectiva como “eco-histéricos” o “neo-comunistas” (verdes por fuera, pero rojos por dentro).
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